jueves, 17 de abril de 2014





REALEXO;  UN PASEO POR LA HISTORIA
Pasear por las empinadas calles de mi pueblo  siempre  ha sido  una labor pesada  y penosa que en muchas  ocasiones quitan el aliento  y el ánimo del caminante. Pero  si ese  andar  se hace de la mano  de los personajes  que  marcaron  la  historia  de Los Realejos, el andar se hace   más  ameno.  Por  una vez , y que sirva  de precedente, realice el camino  de la  historia  y me  reencontré con las piedras  y  sus  secretos.     La  luz del S. XVIII fue  el candil  que iluminó  el recorrido y  que dejó en la penumbra, los  aquelarres  de la ignorancia. Aquel siglo de las luces, inundó  mi ventana   de personajes  y  ambientes desconocidos  para mi.         
       Por  unos días,  las calles  se  llenaron  de ilustrados  historiadores, maestros canteros, científicos,   monjas agustinas,  señores hacendados,  artesanos, agricultores  y pescadores  que,venidos del Puerto de la Orotava,  portaron  la imagen  de la Virgen  del Carmen. Por  unos días, las  calles  de  mi  pueblo ocultaron  el  asfalto, el ruido, las edificaciones de cemento y cristal que  el progreso, y  tal  vez la anarquía arquitectónica, ( propia  de nuestros  tiempos) ha puesto  en nuestras calles. Las noches  parecían  más  limpias  y sólo  los aquelarres,  los  dioses  y deidades  del “Jardín  de las Hespérides” las rompían por momentos.
Las  “luces”  que  iluminaron  a toda Europa  se convirtieron  en  mi pueblo en fuegos de  artificio gracias a las  manos artesanas  de los  Hermanos Tostes,  que  cincelaron  en el cielo esta  tradición que  aún perdura.
    Las  afamadas  carpinterías  que  surcan  hoy  el  paisaje de este  municipio siguieron, tal vez, al buen hacer de aquella que el señor  Verau  fundara  en el Realejo de Abajo.  Hasta  la  sonrisa  de los escolares  relucían  en aquel siglo  de las luces. 
       Me  hubiese gustado quedarme  a conversar  con   don Dámaso de Quesada y Chávez,  e  intercambiar mis historias  con la suyas. Contemplar  como  nacía,  en la explanada de  San Sebastián, el convento de Santa Mónica   y Santa Ana.  Arrimar mi  hombro  con  los porteadores  de la imagen de  la Virgen  del Carmen.
Formar parte  de aquella   clase   en la que la luz  de  la razón  lo llenaba  todo. Saludar  a don José  de Viera y Clavijo  mientras preparaba su Historia General  de las Islas  de Canarias . Despedirme  del señor Alexander Von Humboldtl, antes  de partir en su viaje  del conocimiento. Mantener una  charla con don Cristóbal del Hoyo, don Alonso de Nava y Grimón, y don Lope Antonio de la Guerra, sobre  los  derechos de los  hombres  y mujeres que siglos  mas  tardes   se alcanzarían. Formar parte de  las milicias que combatieron a Nelson,  o  simplemente, pagar  con un  real,  un vaso  de vino  en la taberna que custodiaba la  iglesia  de la  Concepción mientras los ricos hacendados  disfrutaban  del  Minué
     Pero  todo  esto  sólo  sucedió  en  Mi Ventana, donde  las  imágenes  del  pasado  quedaron  presas entre los  píxeles  de mi cámara  fotográfica. 

       Caminar de  la mano de la  historia siempre condiciona  el andar.  Lo  hace más  firme, reflexivo  y crítico, al tiempo que ensoñador. Caminar  hacia el pasado  reconociéndonos en él, nos da la fortaleza  para andar el futuro, aunque  las calles  de mi pueblo siguen igual de empinadas  que  en el siglo XVIII
                                                                         
©José M.Curbelo
    
 

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Me seguirán Me seguirán las piedras del camino como la sombra sigue  a sus pasos, como la luz sigue al sol un nuevo día, como ...