sábado, 3 de mayo de 2014

CONTRAPUNTO


Llora la sombra al despertar el día.
Canta la luz con la alborada.
Suspira el amante con su herida,
soñando los ojos de su amada.



Siguen los pasos el camino,
y el día, la luz que el sol le presta.
Llora la noche su negrura,
y derrama lágrimas de estrellas



Muere la espuma de sal entre las rocas,
y nace en las rocas gotas nuevas.

La luz dibuja nuevas vidas,
de rayos de sol la sombra pena.



El blanco, con su blanco infinito,
al negro,con su luz limita y ciega.
Y vive la nota perdida en el aire,
hasta que otra más alta suena.




De mil formas de morir se vive.
De mil formas la muerte llega.
De mil eslabones de muerte
Está la vida llena
@Jose M.Curbelo mayo 2014

jueves, 17 de abril de 2014





REALEXO;  UN PASEO POR LA HISTORIA
Pasear por las empinadas calles de mi pueblo  siempre  ha sido  una labor pesada  y penosa que en muchas  ocasiones quitan el aliento  y el ánimo del caminante. Pero  si ese  andar  se hace de la mano  de los personajes  que  marcaron  la  historia  de Los Realejos, el andar se hace   más  ameno.  Por  una vez , y que sirva  de precedente, realice el camino  de la  historia  y me  reencontré con las piedras  y  sus  secretos.     La  luz del S. XVIII fue  el candil  que iluminó  el recorrido y  que dejó en la penumbra, los  aquelarres  de la ignorancia. Aquel siglo de las luces, inundó  mi ventana   de personajes  y  ambientes desconocidos  para mi.         
       Por  unos días,  las calles  se  llenaron  de ilustrados  historiadores, maestros canteros, científicos,   monjas agustinas,  señores hacendados,  artesanos, agricultores  y pescadores  que,venidos del Puerto de la Orotava,  portaron  la imagen  de la Virgen  del Carmen. Por  unos días, las  calles  de  mi  pueblo ocultaron  el  asfalto, el ruido, las edificaciones de cemento y cristal que  el progreso, y  tal  vez la anarquía arquitectónica, ( propia  de nuestros  tiempos) ha puesto  en nuestras calles. Las noches  parecían  más  limpias  y sólo  los aquelarres,  los  dioses  y deidades  del “Jardín  de las Hespérides” las rompían por momentos.
Las  “luces”  que  iluminaron  a toda Europa  se convirtieron  en  mi pueblo en fuegos de  artificio gracias a las  manos artesanas  de los  Hermanos Tostes,  que  cincelaron  en el cielo esta  tradición que  aún perdura.
    Las  afamadas  carpinterías  que  surcan  hoy  el  paisaje de este  municipio siguieron, tal vez, al buen hacer de aquella que el señor  Verau  fundara  en el Realejo de Abajo.  Hasta  la  sonrisa  de los escolares  relucían  en aquel siglo  de las luces. 
       Me  hubiese gustado quedarme  a conversar  con   don Dámaso de Quesada y Chávez,  e  intercambiar mis historias  con la suyas. Contemplar  como  nacía,  en la explanada de  San Sebastián, el convento de Santa Mónica   y Santa Ana.  Arrimar mi  hombro  con  los porteadores  de la imagen de  la Virgen  del Carmen.
Formar parte  de aquella   clase   en la que la luz  de  la razón  lo llenaba  todo. Saludar  a don José  de Viera y Clavijo  mientras preparaba su Historia General  de las Islas  de Canarias . Despedirme  del señor Alexander Von Humboldtl, antes  de partir en su viaje  del conocimiento. Mantener una  charla con don Cristóbal del Hoyo, don Alonso de Nava y Grimón, y don Lope Antonio de la Guerra, sobre  los  derechos de los  hombres  y mujeres que siglos  mas  tardes   se alcanzarían. Formar parte de  las milicias que combatieron a Nelson,  o  simplemente, pagar  con un  real,  un vaso  de vino  en la taberna que custodiaba la  iglesia  de la  Concepción mientras los ricos hacendados  disfrutaban  del  Minué
     Pero  todo  esto  sólo  sucedió  en  Mi Ventana, donde  las  imágenes  del  pasado  quedaron  presas entre los  píxeles  de mi cámara  fotográfica. 

       Caminar de  la mano de la  historia siempre condiciona  el andar.  Lo  hace más  firme, reflexivo  y crítico, al tiempo que ensoñador. Caminar  hacia el pasado  reconociéndonos en él, nos da la fortaleza  para andar el futuro, aunque  las calles  de mi pueblo siguen igual de empinadas  que  en el siglo XVIII
                                                                         
©José M.Curbelo
    
 

lunes, 14 de abril de 2014


QUISIERA ESCRIBIR UN CUENTO


Quisiera escribir un cuento y no me encuentro. Busco en el fondo de la  pecera alguna  piedra  rara  que me inspire  y tan sólo encuentro la mierda  de los peces. ¡jodidos  peces,  no hacen más  que cagar!. Dirijo mi mirada  al cuadro que tengo en frente. Es la calle donde vivo,  pintada  al óleo  una  tarde de verano. Me distraigo  con su   perspectiva, concluyendo que se pudo  hacer mejor, ¡como todo! ¡Nada!¡qué no hay manera!.. Hoy  no voy  a  escribir. No es que me lo imponga, ¡lo de escribir claro!,   pero me apetece y no hago otra cosa que decir chorradas. ¡Ya está,  voy a escribir  un  poema. ..
¿y  de que coño  lo escribo?. ¡Nada  que no hay manera. ¿Y si empiezo  así?.
“Quisiera  escribir  un cuento… ¡ Al carajo!. Me salgo a la terraza, me fumo un cigarrillo  y después, ¡ya veremos!.
Aquí  sigo. No dirán que no persevero. Miro nuevamente  el cuadro. ¡Bueno, tampoco está  tan mal! ¿Y  si pudiera  meterme  en él  y recorrer la  calle?. Sería  interesante.  Allá  voy. 

22  de marzo  de 1969. La  calle, viva  como  un sábado cualquiera, ve pasar la luz del día  que se sumerge en sus adoquines. Los niños, con una pelota  de  goma,   juegan  a ser felices.¡ciertamente   lo son!. Muy de vez  en cuando, un camión  de plátanos inunda la  calle de humo negro e interrumpe el  gritar de  los niños que  raudos, se abalanzan sobre las aceras  mientras maldicen  aquella  humareda. Sentado en  la escalinata de  la plaza  que da paso  al imponente  santuario  del Carmen, uno  de  estos  felices niños  se lame  sus  heridas. Hoy no  lo han dejado participar  en el juego. Él  no es de este barrio. Sus  diez  años no le permiten adentrarse  en el mundo de la marginación y no  cree que  el ser o  no ser, sea motivo suficiente para  estar o no estar. Simplemente, hoy no juega. Su mirada se pierde  tras aquella  pelota  y desea  vehementemente  que la misma  caiga  a sus pies. Quizás  así  tenga  alguna  oportunidad de golpearla.
Cansado  de  esperar, cansado de la felicidad  de los  demás, se levantó y, bajando  la cabeza, pasó  al lado de sus  amigos.
- ¿Ya  te vas?
.- ¡Sí!
.- ¡No te vayas!, después  te dejaremos  jugar
.- ¡Me voy!.  Yo no soy  de este barrio
 Con las manos  en los  bolsillos se alejó por la calle  adoquinada que escondía  el sol, mientras,  sus  amigos, ya  aburridos de ser  felices , dejaron  de jugar.

De  vidas  silenciosas y aburridas
de  pueblos encontrados y perdidos
detrás de mil historias  ya vividas.
Siempre  está ese niño

Detrás de  falsas  alegrías ríen muchos,
el llanto sordo que en otros  provoca,
La  felicidad de algunos niños
Siempre esconde  una ilusión rota.

 ©Jose M. Curbelo

sábado, 12 de abril de 2014

Autorretrato
No sé por donde empezar. No es que no me conozca, es que no  estoy acostumbrado a mirarme al espejo.  Quizás debería  hacerlo más a menudo y tal vez así descubriría a un personaje cotidiano, que  me sigue a todas partes. A un ser, extraño a veces para los demás, que mantiene la distancia  para no perturbarme o para no perturbar la sombras  de los otros.  Cuando noto su presencia  en la soledad del día le tiendo la mano y hablamos, hablamos. No es que tenga una conversación fluida  pero  tampoco  se expresa mal. ¡ Se le entiende!. Hablamos del trabajo, del suyo y del mío, de la familia, de la suya y de la mía. Hablamos de  los  tiempos,  los pasados  y los futuros y consumimos   los sueños, los suyos y los míos,   tras  el humo breve de un cigarrillo. No es mal tipo ese  “Yo”.  Como todos, tienes sus días. Recuerdo aquella ocasión  cuando  afeitándome le corte.

.-¡”Coño! Estas bobo”!.-  Me gritó- ¡”y ahora no se te ocurrirá ponerte ese  mejunje  que pica que no veas”! . O aquella otra en la que  fue injustamente tratado (todos  los  “ yo “ siempre piensan que son injustamente tratados). ¡ no veas como se puso!. Por unos momentos no lo reconocí. Levantó el tono de voz,  gesticuló  y soltó algún que otro improperio. Me asusté, pero enseguida comprendí  que en el fondo, todo era fachado. Se disfraza de malo  porque cree que asusta. Juega a ser padre con quien no son sus hijos  y ladra a la luna para que  no le robe sus sueños o tal vez  para proteger  los míos. Ese tal  “Yo” es un tipo raro pero me he acostumbrado a verle todas las mañanas, a oírlo  en mis silencios, a verlo en mis penumbras. Me he acostumbrado a sus palabras  y las hago mía, me he acostumbrado a  ver como lo abrazan mis hijos,  a como llora  a mi padre cuando yo también le lloro.  Es casi  tan simple como yo  y sin embargo lo soporto. ¡Que remido!.
JM.Curbelo 

miércoles, 9 de abril de 2014


Más allá de la ventana,
donde el mar delimita el pensamiento,
donde la luz recobra la vida
en un aliento,
estás tú

Más allá de las murallas
que al tiempo cercan
y aprisionan la razón,
más allá del olvido
de tu ausencia,
estás tú

Más allá del tiempo que he vivido,
de la infancia y la vejez serena,
de la vida consumida por la pena,
estás tú

Más allá de lo próximo y lejano,
del presente y del pasado ido,
más allá de todo lo vivido,
estás tú

Más allá de la mar que inunda mis pasos,
más allá de la orilla infinita,
de las sombras que recortan el espacio,
más allá de la vida


©Jose M. Curbelo 2008

Me seguirán Me seguirán las piedras del camino como la sombra sigue  a sus pasos, como la luz sigue al sol un nuevo día, como ...