REALEXO; UN PASEO POR LA HISTORIA
Pasear por las empinadas
calles de mi pueblo siempre ha sido una labor pesada y
penosa que en muchas ocasiones quitan el aliento y el ánimo del
caminante. Pero si ese andar se hace de la mano de los
personajes que marcaron la historia de Los Realejos,
el andar se hace más ameno. Por una vez , y que
sirva de precedente, realice el camino de la historia y
me reencontré con las piedras y sus
secretos. La luz del S. XVIII fue el
candil que iluminó el recorrido y que dejó en la
penumbra, los aquelarres de la ignorancia. Aquel siglo de las
luces, inundó mi ventana de personajes y
ambientes desconocidos para
mi.
Por
unos días, las calles se llenaron de ilustrados
historiadores, maestros canteros, científicos, monjas
agustinas, señores hacendados, artesanos, agricultores y
pescadores que,venidos del Puerto de la Orotava, portaron la
imagen de la Virgen del Carmen. Por unos días, las
calles de mi pueblo ocultaron el asfalto, el
ruido, las edificaciones de cemento y cristal que el progreso, y
tal vez la anarquía arquitectónica, ( propia de nuestros
tiempos) ha puesto en nuestras calles. Las noches parecían
más limpias y sólo los aquelarres, los
dioses y deidades del “Jardín de las Hespérides” las rompían
por momentos.
Las “luces” que iluminaron a
toda Europa se convirtieron en mi pueblo en fuegos de
artificio gracias a las manos artesanas de los Hermanos
Tostes, que cincelaron en el cielo esta tradición
que aún perdura.
Las afamadas carpinterías que surcan
hoy el paisaje de este municipio siguieron, tal vez, al buen hacer de aquella que el señor Verau
fundara en el Realejo de Abajo. Hasta la sonrisa de
los escolares relucían en aquel siglo de las luces.
Me hubiese gustado quedarme a conversar con don Dámaso de Quesada y Chávez, e intercambiar mis historias con la suyas. Contemplar como nacía, en la explanada de San Sebastián, el convento de Santa Mónica y Santa Ana. Arrimar mi hombro con los porteadores de la imagen de la Virgen del Carmen.
Me hubiese gustado quedarme a conversar con don Dámaso de Quesada y Chávez, e intercambiar mis historias con la suyas. Contemplar como nacía, en la explanada de San Sebastián, el convento de Santa Mónica y Santa Ana. Arrimar mi hombro con los porteadores de la imagen de la Virgen del Carmen.
Formar parte de aquella clase
en la que la luz de la razón lo llenaba todo.
Saludar a don José de Viera y Clavijo mientras preparaba su Historia General de las Islas
de Canarias . Despedirme del señor Alexander Von Humboldtl,
antes de partir en su viaje del conocimiento. Mantener una charla con don Cristóbal del Hoyo, don
Alonso de Nava y Grimón, y don Lope Antonio de la Guerra, sobre los
derechos de los hombres y mujeres que siglos mas
tardes se alcanzarían. Formar parte de las milicias que
combatieron a Nelson, o simplemente, pagar con
un real, un vaso de vino en la taberna que custodiaba
la iglesia de la Concepción mientras los ricos hacendados disfrutaban del
Minué
Pero todo esto sólo
sucedió en Mi Ventana, donde las imágenes
del pasado quedaron presas entre los píxeles de
mi cámara fotográfica.
Caminar de la mano de la historia siempre condiciona el andar. Lo hace más firme, reflexivo y crítico, al tiempo que ensoñador. Caminar hacia el pasado reconociéndonos en él, nos da la fortaleza para andar el futuro, aunque las calles de mi pueblo siguen igual de empinadas que en el siglo XVIII
©José M.Curbelo


