Autorretrato
No sé por donde empezar. No es que no me conozca, es que
no estoy acostumbrado a mirarme al
espejo. Quizás debería hacerlo más a menudo y tal vez así
descubriría a un personaje cotidiano, que
me sigue a todas partes. A un ser, extraño a veces para los demás, que
mantiene la distancia para no
perturbarme o para no perturbar la sombras
de los otros. Cuando noto su
presencia en la soledad del día le
tiendo la mano y hablamos, hablamos. No es que tenga una conversación
fluida pero tampoco
se expresa mal. ¡ Se le entiende!. Hablamos del trabajo, del suyo y del
mío, de la familia, de la suya y de la mía. Hablamos de los tiempos,
los pasados y los futuros y consumimos los sueños, los suyos y los míos, tras
el humo breve de un cigarrillo. No es mal tipo ese “Yo”. Como todos, tienes sus días. Recuerdo
aquella ocasión cuando afeitándome le corte.
.-¡”Coño! Estas bobo”!.-
Me gritó- ¡”y ahora no se te ocurrirá ponerte ese mejunje
que pica que no veas”! . O aquella otra en la que fue injustamente tratado (todos los “
yo “ siempre piensan que son injustamente tratados). ¡ no veas como se puso!.
Por unos momentos no lo reconocí. Levantó el tono de voz, gesticuló
y soltó algún que otro improperio. Me asusté, pero enseguida comprendí que en el fondo, todo era fachado. Se
disfraza de malo porque cree que asusta.
Juega a ser padre con quien no son sus hijos
y ladra a la luna para que no le
robe sus sueños o tal vez para proteger los míos. Ese tal “Yo” es un tipo raro pero me he acostumbrado
a verle todas las mañanas, a oírlo en
mis silencios, a verlo en mis penumbras. Me he acostumbrado a sus palabras y las hago mía, me he acostumbrado a ver como lo abrazan mis hijos, a como llora
a mi padre cuando yo también le lloro. Es casi
tan simple como yo y sin embargo
lo soporto. ¡Que remido!.
JM.Curbelo

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