QUISIERA ESCRIBIR UN CUENTO
Quisiera escribir un cuento y no me
encuentro. Busco en el fondo de la
pecera alguna piedra rara
que me inspire y tan sólo
encuentro la mierda de los peces. ¡jodidos peces,
no hacen más que cagar!. Dirijo
mi mirada al cuadro que tengo en frente.
Es la calle donde vivo, pintada al óleo
una tarde de verano. Me
distraigo con su perspectiva, concluyendo que se pudo hacer mejor, ¡como todo! ¡Nada!¡qué no hay
manera!.. Hoy no voy a
escribir. No es que me lo imponga, ¡lo de escribir claro!, pero me apetece y no hago otra cosa que
decir chorradas. ¡Ya está, voy a
escribir un poema. ..
¿y
de que coño lo escribo?. ¡Nada
que no hay manera. ¿Y si empiezo
así?.
“Quisiera
escribir un cuento… ¡ Al carajo!.
Me salgo a la terraza, me fumo un cigarrillo
y después, ¡ya veremos!.
Aquí sigo. No dirán que no persevero. Miro
nuevamente el cuadro. ¡Bueno, tampoco
está tan mal! ¿Y si pudiera
meterme en él y recorrer la
calle?. Sería interesante. Allá
voy.
22 de marzo
de 1969. La calle, viva como
un sábado cualquiera, ve pasar la luz del día que se sumerge en sus adoquines. Los niños,
con una pelota de goma, juegan
a ser felices.¡ciertamente lo
son!. Muy de vez en cuando, un
camión de plátanos inunda la calle de humo negro e interrumpe el gritar de los niños que raudos, se abalanzan sobre las aceras mientras maldicen aquella humareda. Sentado en la escalinata de la plaza
que da paso al imponente santuario
del Carmen, uno de estos
felices niños se lame sus
heridas. Hoy no lo han dejado
participar en el juego. Él no es de este barrio. Sus diez
años no le permiten adentrarse en
el mundo de la marginación y no cree
que el ser o no ser, sea motivo suficiente para estar o no estar. Simplemente, hoy no juega.
Su mirada se pierde tras aquella pelota
y desea vehementemente que la misma
caiga a sus pies. Quizás así
tenga alguna oportunidad de golpearla.
Cansado de
esperar, cansado de la felicidad
de los demás, se levantó y,
bajando la cabeza, pasó al lado de sus amigos.
- ¿Ya
te vas?
.- ¡Sí!
.- ¡No te vayas!, después te dejaremos
jugar
.- ¡Me voy!. Yo no soy
de este barrio
Con las manos en los
bolsillos se alejó por la calle
adoquinada que escondía el sol,
mientras, sus amigos, ya
aburridos de ser felices ,
dejaron de jugar.
De
vidas silenciosas y aburridas
de
pueblos encontrados y perdidos
detrás de mil historias ya vividas.
Siempre
está ese niño
Detrás de
falsas alegrías ríen muchos,
el llanto sordo que en otros provoca,
La
felicidad de algunos niños
Siempre esconde una ilusión rota.
©Jose M. Curbelo
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