lunes, 14 de abril de 2014


QUISIERA ESCRIBIR UN CUENTO


Quisiera escribir un cuento y no me encuentro. Busco en el fondo de la  pecera alguna  piedra  rara  que me inspire  y tan sólo encuentro la mierda  de los peces. ¡jodidos  peces,  no hacen más  que cagar!. Dirijo mi mirada  al cuadro que tengo en frente. Es la calle donde vivo,  pintada  al óleo  una  tarde de verano. Me distraigo  con su   perspectiva, concluyendo que se pudo  hacer mejor, ¡como todo! ¡Nada!¡qué no hay manera!.. Hoy  no voy  a  escribir. No es que me lo imponga, ¡lo de escribir claro!,   pero me apetece y no hago otra cosa que decir chorradas. ¡Ya está,  voy a escribir  un  poema. ..
¿y  de que coño  lo escribo?. ¡Nada  que no hay manera. ¿Y si empiezo  así?.
“Quisiera  escribir  un cuento… ¡ Al carajo!. Me salgo a la terraza, me fumo un cigarrillo  y después, ¡ya veremos!.
Aquí  sigo. No dirán que no persevero. Miro nuevamente  el cuadro. ¡Bueno, tampoco está  tan mal! ¿Y  si pudiera  meterme  en él  y recorrer la  calle?. Sería  interesante.  Allá  voy. 

22  de marzo  de 1969. La  calle, viva  como  un sábado cualquiera, ve pasar la luz del día  que se sumerge en sus adoquines. Los niños, con una pelota  de  goma,   juegan  a ser felices.¡ciertamente   lo son!. Muy de vez  en cuando, un camión  de plátanos inunda la  calle de humo negro e interrumpe el  gritar de  los niños que  raudos, se abalanzan sobre las aceras  mientras maldicen  aquella  humareda. Sentado en  la escalinata de  la plaza  que da paso  al imponente  santuario  del Carmen, uno  de  estos  felices niños  se lame  sus  heridas. Hoy no  lo han dejado participar  en el juego. Él  no es de este barrio. Sus  diez  años no le permiten adentrarse  en el mundo de la marginación y no  cree que  el ser o  no ser, sea motivo suficiente para  estar o no estar. Simplemente, hoy no juega. Su mirada se pierde  tras aquella  pelota  y desea  vehementemente  que la misma  caiga  a sus pies. Quizás  así  tenga  alguna  oportunidad de golpearla.
Cansado  de  esperar, cansado de la felicidad  de los  demás, se levantó y, bajando  la cabeza, pasó  al lado de sus  amigos.
- ¿Ya  te vas?
.- ¡Sí!
.- ¡No te vayas!, después  te dejaremos  jugar
.- ¡Me voy!.  Yo no soy  de este barrio
 Con las manos  en los  bolsillos se alejó por la calle  adoquinada que escondía  el sol, mientras,  sus  amigos, ya  aburridos de ser  felices , dejaron  de jugar.

De  vidas  silenciosas y aburridas
de  pueblos encontrados y perdidos
detrás de mil historias  ya vividas.
Siempre  está ese niño

Detrás de  falsas  alegrías ríen muchos,
el llanto sordo que en otros  provoca,
La  felicidad de algunos niños
Siempre esconde  una ilusión rota.

 ©Jose M. Curbelo

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